Supongamos que vas en un vagón
de metro, sin salir de la monotonía de los días. Escuchando música, leyendo
cualquier libro, contemplando a las personas, observando cada mirada; cada
gesto de ellas; viendo besos; caricias; caras enfadadas; niños jugando y un largo etcétera.
Y es ahí justo cuando el metro se detiene, sin
racionalidad alguna, dejando el vagón prácticamente a oscuras. Escuchas
suspiros, sientes el miedo de las personas, la desubicación de ellas y la
búsqueda de miradas que quieren encontrar
Es curioso como en
determinados momentos todos nos sentimos unidos, cuando hace unos segundos
veías esas caras preocupadas o felices, tan alejadas a ti.
Se rumorea un aviso
de bomba, donde sólo quedan 6 minutos para que estalle. Tú, como yo, como
todos, apoderados por el miedo, el temor, pensamos en las personas a las que
queremos. Piensas en ellas, van pasando los
minutos, y no precisamente a tu
favor.
Los minutos pasan,
y tu bloqueo tiene inconscientemente la imagen, los recuerdos de esa persona a
la que quieres expresar tus sentimientos, a la que quieres despedirte y decirle
todo lo que sientes.
Empieza la cuenta
atrás.
5 minutos…
4 minutos…
3 minutos y tú
todavía sin hacer nada, inmóvil y lleno de miedo y sentimientos…
2minutos…
-Agarras el móvil y
comienzas a buscar ese nombre que no deja de pasear por tu cabeza, en la lista
de
contactos…-
1 minuto…
-Te agobias y
apenas puedes exprimir la tinta que llevas en tu corazón.
30 segundos…
…
Y ahora deja de
suponer, se acabó el simulacro. ¿A qué esperas a expresar todo lo que
sientes?¿Por qué expresar todos nuestros sentimientos cuando estamos en las
últimas?¿Por qué hacerlo aterrorizado por el miedo e imaginándote a la persona
cuando puedes escuchar, verla y decírselo a la cara? Nadie conoce su destino,
no predigas, no esperes y ACTÚA.
Lo peor no hubiera
sido desaprovechar esos 6 minutos, lo peor es desaprovechar todos los días que tienes la oportunidad y no lo haces por miedo, o quién sabe porqué.
Lucha por lo que
quieres en el presente, no esperes a que el tiempo decida por ti, porque el
tiempo, no siempre juega a tu favor.
Y ahora coge un
reloj, observa como pasan las manecillas cambiando de números, mira a tu
alrededor y REACCIONA.
Yo, si me lo permitís (y sino también), le voy
a dedicar cada segundo de los 60 que componen los minutos y las horas, a
decirle a mi catástrofe favorita, que en la orilla estoy esperando a que
venga el tsunami a arrasar con todo por delante. Que yo no quiero chaparrones, ni
buen tiempo.
Te quiero a ti
destrozando cada parte de mi.
Quiero la fuerte
brisa del viento despeinando mi pelo, quiero que me cales entera con las
fuertes olas, que mojes todo mi cuerpo y me ahogues de pasión. Cuando veas que
comienza a salir el sol, vámonos a alguna zona con humedad y continua
destrozándome, hasta que ya no queden fuerzas ni vientos que puedan conmigo.
Pero cuando eso
pase, aprovecha cada mínima brisa para susurrarme, cada ola para jugar con tus
movimientos dejando que las gotas recorran todo mi cuerpo, y cuando me tumbe en
la arena, atrápame para que nunca me vaya de tu lado. Yo estaré esperando otra
catástrofe, a mi catástrofe favorita.