De especie
cobarde, de origen de la ciudad de los valientes
Le
gustaba soñar, vivía imaginando
y
componía su propia realidad.
Tras
sus besos se escondían la eternidad
sus
caricias camuflaban la inocencia y verdad
Y
sus mordiscos eran pura rebeldía y locura
Dejaba
el remitente en aquella espalda que le hiciera estremecer.
Imaginaba
sus labios jugando, sin normas ni leyes, con otros labios. Pero no con
cualquier boca, no con cualquier saliva, solo con aquellos labios que le retorcieran
y tensaran todo el cuerpo, que le hicieran pisar el cielo y al mismo tiempo el
infierno.
Miraba
a su alrededor y solo veía palacios y cuentos de hadas, donde toda princesa
querría alojarse. Pero ella construía su mundo, su vida (ficticia), en el lado
más oscuro de la ciudad. Ella soñaba con luchar contra toda tempestad hasta
llegar a la calma y avanzar con el movimiento del mar, pero siempre mirando al
cielo, con mirada de acecho y melena al viento.
Deseaba
trepar por la espalda que le hiciera temblar antes de escalar, antes de
colgarse de esos labios que le hicieran tiritar, pero que a su vez deseara
tirarse al abismo de su abdomen y recorrer todos los lunares sin dejar rastro
de alguno.
La
princesa dejó de buscar sus fantasías en la ciudad, miró al cielo y con la
mirada de acecho y melena al viento, salió corriendo.
Corrió
para (re)encontrarse.


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